El pasado 16 de junio 2026, se anunció la selección de los 34 finalistas de los Premios del Jurado LILA 2026 -Jacqueline Osty, Jens Linnet, Michael Young, Silvia Benedito y Zaš Brezar- . Además, el equipo editorial de Landezine seleccionó 10 portfolios para el Premio LILA al Portfolio para Estudiantes y Jóvenes Profesionales

Entre los proyectos seleccionados, destacamos el Jardín comunitario Ngare Ndare, en la categoría de Proyectos públicos, de nuestra socia profesional Chloe Humphreys, The Landscape Studio

Este proyecto en el norte de Kenia fue concebido como una iniciativa comunitaria para abordar la inseguridad nutricional y el bienestar social mediante el diseño paisajístico. En esencia, el proyecto ofrece un huerto productivo donde se pueden cultivar alimentos frescos y nutritivos localmente, mejorando el acceso a productos saludables en una región afectada por desafíos climáticos y económicos

La granja también busca desafiar la prevalencia de las prácticas de monocultivo en la región, demostrando un modelo alternativo basado en los principios de los bosques comestibles. En respuesta a las presiones ecológicas del paisaje de sabana semiárida del norte de Kenia, el proyecto promueve la biodiversidad, la siembra en capas y estrategias agrícolas regenerativas para crear un sistema más resiliente y productivo. Al integrar diversas especies comestibles, medicinales y de sombra, el paisaje favorece la salud del suelo, mejora la retención de agua, fomenta la biodiversidad y reduce la dependencia de los monocultivos. De esta manera, el proyecto ofrece un modelo replicable para abordar la seguridad alimentaria a largo plazo, trabajando en armonía con las condiciones ambientales de la región.

Igualmente importante, el jardín fue diseñado como un espacio de encuentro compartido: un entorno seguro e inclusivo donde los miembros de la comunidad pueden reunirse, intercambiar conocimientos y apoyarse mutuamente. Este espacio se ha vuelto particularmente importante para grupos locales de mujeres y madres solteras, quienes se reúnen regularmente para hablar sobre temas relacionados con la salud, la vida familiar y la resiliencia comunitaria.

La configuración espacial del proyecto, mediante sencillos muros de piedra y senderos de grava compactada, crea una sensación de llegada cuidadosamente orquestada, guiando a los visitantes a través del paisaje productivo hacia un espacio común central. Esta secuencia de cerramiento y apertura genera intimidad y orientación dentro del jardín, creando momentos de refugio, pausa y encuentro.

En el corazón del proyecto se encuentra un espacio de encuentro circular, una forma profundamente arraigada en las tradiciones culturales de África Oriental, donde históricamente las comunidades se han reunido en círculo para encontrarse, intercambiar historias, resolver conflictos y compartir conocimientos, a menudo bajo la sombra de una higuera sagrada. Al reinterpretar esta antigua tradición espacial dentro del paisaje, el espacio circular se convierte en el centro simbólico y social del jardín.

En el centro de este espacio de encuentro se encuentra un Ficus sycomorus recién plantado, una importante especie autóctona de higuera que, con el tiempo, proporcionará sombra y protección a la comunidad que se reúne bajo él. A medida que el árbol madure, se convertirá en el eje de la vida social del jardín, transformando el claro circular en un entorno fresco y acogedor para reuniones, celebraciones, aprendizaje e interacción diaria. El árbol se convierte así en un marco físico y cultural para la vida colectiva, conectando la ecología, la memoria y la identidad comunitaria dentro del paisaje.

La selección de materiales se basó intencionadamente en el contexto local, utilizando piedra de Isiolo y murram compactado de la zona para crear un paisaje robusto y de bajo impacto. Los tonos cálidos y las texturas naturales de la piedra de Isiolo establecen una fuerte conexión con el entorno, mientras que los senderos de murram compactado proporcionan una circulación duradera y accesible por todo el jardín con una mínima intervención ambiental. Este enfoque sobrio y arraigado en la cultura local refuerza el énfasis del proyecto en la simplicidad, la durabilidad y la participación comunitaria, al tiempo que reduce los costes de construcción y apoya la artesanía y las cadenas de suministro locales.

El proyecto funciona mediante un modelo cooperativo en el que cada miembro aporta un día de trabajo a la semana, y la cosecha se distribuye equitativamente entre los participantes. Este sistema fortalece la propiedad colectiva a la vez que fomenta la responsabilidad, la dignidad y la cohesión social.

Más que un paisaje productivo, el jardín demuestra cómo las intervenciones paisajísticas a pequeña escala pueden generar un impacto social significativo. Al combinar la producción de alimentos con espacios para la conexión y el diálogo, el proyecto resalta el papel de la arquitectura paisajística en el fomento de comunidades más sanas, resilientes y empoderadas.